Antonio G. Vacas

domingo, 29 de julio de 2012

España en los J.J.O.O. a casa a la primera. Que pena.

Álvaro Domínguez llora tras la eliminación de España. (AFP)

  • El equipo de Luis Milla cae ante Honduras (0-1) y pierde todas opciones de clasificación para cuartos
  • Desnaturalizada y sin suerte, fue incapaz de sobreponerse al tanto de Bengtson en los primeros compases


Para cuando España se pareció a España ya era demasiado tarde. La selección olímpica de fútbol se marcha de Londres convirtiendo en agua los sueños de un triplete (Mundial, Eurocopa y Juegos) que ya no será, dejando tras de sí el rastro de una vulgaridad sólo abandonada cuando ya no había tiempo, golpeada por dos rivales, Japón y Honduras, entregados a una causa en la que España pareció no creer nunca. Desnaturalizada, fuera de onda, físicamente justísima, podrá reclamar el penalti sobre Rodrigo o llorar por los tres postes que fueron y que la mantendrían hoy con vida, pero la realidad dice que España nunca fue España y que, cuando quiso asemejarse, le faltó la suerte, esa mujer a la que hay que cortejar no sólo cuando se entra en la desesperación.
Nada más comenzar, un martillazo. Una jugada de Espinoza encontró un boquete en la izquieda y su centro halló a los centrales descolocados. El remate de Bengtson dejó helados a los españoles, eliminados ya casi antes de empezar. Tardó muchos minutos en recuperarse la selección, aquejada por los mismos síntomas que ante Japón. Espesa, lenta, sin ninguna verticalidad, la intensidad hondureña bastó para bloquear de nuevo al equipo de Milla.
De inicio, ni siquiera Muniain sirvió. Ausente Thiago por lesión, este equipo necesita la electricidad del futbolista del Athletic para remover el barro espeso de su fútbol, y al chico le costó encontrar sitio. A una velocidad mínima, España no obstante fue urdiendo minúsculas sendas por las que acercarse hasta Mendoza. Isco y Mata, dos futbolistas con un talento descomunal, tuvieron la capacidad, jugando muy por debajo de lo que son, de darle la vuelta al partido. Con una España demasiado horizontal, en la primera parte apenas las llegadas desde atrás de Montoya lograron desequilibrar. Por ahí llegaron los dos primeros remates de Mata desde la frontal, ambos fuera por un suspiro, igual que la última jugada antes del descanso, resuelta en otro disparo del jugador del Chelsea que se marchó fuera por bien poco.
En la segunda parte sí apareció España, o al menos una versión semejante a España, a esta España, que no es la absoluta, vaya por delante. Ander Herrera sustituyó a un intrascendente Koke y España se movió al ritmo, ahora sí, de Muniain. Recibiendo en tres cuartos, cortando por el medio con velocidad y regate, fue demontando a Honduras como si fuera un Lego. Los hondureños, por su parte, optaron por meterse en el 'otro fútbol' y olvidarse de la pelota. Desde esa premisa, entonces sí apareció una versión reconocible de los olímpicos. Hubo de superar, no obstante, el susto de Espinoza, que estrelló un cabezazo en el palo antes del derroche español.
Jugándose ya apenas en medio campo, España comenzó a coleccionar ocasiones. Adrián remató al larguero, y otra vez Adrián la dejó ir por poco, Mata se quedó con el 'uy' en la boca un buen puñado de veces y Muniain, en uno de sus eslalons, volvió a estrellar la pelota en el aluminio. Esa sí era España. O se parecía mucho. En una jugada coral de las muchas que derramó, Rodrigo estrelló la pelota en el cuerpo del portero y Adrián no fue capaz de controlar con la portería vacía. La paradoja era que se le iba la vida a España justo cuando se había encontrado a ella misma, probablemente producto de la desesperación de verse fuera de los Juegos Olímpicos cuando estaba llamada a discutirle a Brasil la medalla de oro. Adrián estrelló otra pelota, otra más, en el larguero a centro de Mata. Rodrigo, cierto, fue arrollado por Velasquez dentro del área ante el despiste del árbitro venezolano, pero no hay caso. Por ahí no van los tiros de esta decepción.

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